Teorías de la reproducción y teorías de la resistencia: una revisión del debate pedagógico desde la perspectiva materialista

 1. Introducción Es posible identificar un debate al interior del pensamiento pedagógico respecto de si la escuela puede constituir un espacio de transformación social. Debate que en ocasiones se ha cristalizado en dos posiciones conocidas como las teorías de la reproducción y las teorías de la resistencia. Las primeras, surgidas a fines de la década del 60’ y principios de los 70’, apuntaron a develar la función reproductivista de la institución escolar dentro del modo de producción capitalista. Si bien su objetivo no estaba puesto en elaborar una teoría predagógica –en efecto, sus interlocutores no eran necesariamente los pedagogos– una de las críticas dentro de las numerosas de que se valieron, fue el carácter de denuncia y la falta de proposición de sus teorías. Las pedagogías de la resistencia surgieron en las décadas del 70’ y 80’ de algún modo como forma de respuesta a estas teorías. Si bien muchos de sus autores acordaban con la función reproductivista de la escuela, plantearon una crítica al supuesto carácter determinista de estas últimas, poniendo el énfasis en la noción de resistencia como apuesta a la transformación social dentro de la institución escolar. El objetivo de este artículo consiste en realizar una revisión crítica de los principales planteos de ambos grupos de teorías, tomando para ello algunos de los autores clásicos. Creemos que dicha revisión puede proporcionar un aporte para quienes se plantean la pregunta inicial acerca de si la institución escolar constituye un espacio de transformación social. Para ello, se caracterizará el nudo argumental de algunas obras que se convirtieron en referentes clásicos del debate pedagógico. A partir de la identificación de los puntos problemáticos presentes en ambos grupos se propone otra forma de encarar la pregunta por la transformación social desde la escuela: iniciar un proceso de reconocimiento de las determinaciones generales de la educación en el modo de producción capitalista. 2. La reproducción social: la educación en el modo de producción capitalista A fines de la década del 60’ y principios de los 70’ emergieron, principalmente en Francia y Estados Unidos, varios planteos teóricos que analizaron el papel que la escuela jugaba en la reproducción social. Los mismos se enmarcaron en un momento histórico en el que la lucha de clases se había recrudecido y, con ello, habían emergido fuertes cuestionamientos al orden social establecido1 . Tiempo después, estos planteos fueron catalogados como teorías de la reproducción. Cabe aclarar que se trata de teorías sociológicas que no analizan las prácticas escolares en o por sí mismas, o lo que sucede al interior de las escuelas, sino que buscan dar cuenta del papel de la escolarización en el funcionamiento de la sociedad capitalista. Althusser es sin dudas uno de sus referentes teóricos. En su libro Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado (–1970– 1998) retoma la famosa metáfora del «edificio» que Marx presenta en su prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (–1859– 2003) para explicar la conformación de un modo de producción. Sostiene, por lo tanto, que la infraestructura es la base económica de la sociedad y está constituida por la unidad de las fuerzas productivas (los medios de producción y la fuerza de trabajo) y las relaciones de producción (las relaciones de explotación de una clase hacia otra). La superestructura, por su parte, se erige sobre esta base económica y posee dos niveles: el jurídico político (el derecho y el Estado) y el ideológico (religioso, moral, cultural jurídico, político, etc.). De esta forma, una sociedad o, en palabras de Althusser, una formación social depende de un modo de producción dominante, que requiere, a su vez, reproducir las condiciones que posibilitan esa producción. Es decir, precisa reproducir las fuerzas productivas y las relaciones de producción. La superestructura, entonces, viene a cumplir este papel: reproducir la estructura.

Esta reproducción de la ideología dominante tendría lugar en los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE) y entre ellos3 , con un lugar privilegiado, la escuela4 . A diferencia de los Aparatos Represivos del Estado, que funcionan principalmente por la fuerza y secundariamente por la ideología, éstos actúan principalmente a través de la ideología y secundariamente por la fuerza. En este sentido, en una sociedad en la que la relación social general es la explotación del proletariado por parte de la burguesía, la ideología es el sistema de ideas y representaciones, que «domina el espíritu de un hombre o un grupo social» (Althusser, –1970– 1998, p. 47); es la representación imaginaria del mundo que tienen los sujetos, es decir, de sus condiciones materiales de existencia. Su papel es garantizar la reproducción de esas condiciones materiales de existencia en provecho de la clase dominante. Lo esencial de esta afirmación es compartida por la reconocida teoría de la violencia simbólica de Bourdieu y Passeron (–1979– 1998) desplegada en su obra La reproducción: elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Según los autores, toda sociedad o formación social, se estructura bajo un sistema de relaciones de fuerzas materiales y simbólicas, siendo el fin de las segundas reforzar las primeras. Ésto es posible de sostener en tanto en el plano simbólico se produce y reproduce la dominación de unas clases o grupos por sobre otros5 . Otros términos, similar sentido: la superestructura es la encargada de reproducir la estructura y el «sistema de enseñanza» tiene un papel fundamental. Sigamos el desarrollo que realizan los autores. La violencia simbólica (VS) se ejerce, entre otras, por la vía de una acción pedagógica (AP). Es decir, se establece una relación de comunicación por la cual se impone una arbitrariedad cultural a partir del ejercicio de un poder arbitrario. Por eso, los autores hablan de la doble arbitrariedad de la AP. La selección de significados que se definen como la cultura a inculcar está lejos de ser «natural», corresponde a los intereses objetivos de los grupos o clases dominantes que logran imponerlos precisamente por no utilizar la fuerza sino el poder simbólico. 

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